Vamos a ver esta estupenda presentación realizada por una profe para acercar esta novela a su alumnado.
Presentación Lazarillo de Tormes A continuación conoceremos las principales escenas de la obra y realizaremos una serie de actividades sobre la misma a partir de un valioso LIM realizado por otro profe. LIM Lazarillo de Tormes
Página de la primera edición de los poemas de Garcilaso de la Vega
SONETO V
Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.
Cuando tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.
Garcilaso 1991
Mi alma os ha cortado a su medida, dice ahora el poema, con palabras que fueron escritas en un tiempo de amores cortesanos.
Y en esta habitación del siglo XX, muy a finales ya, preparando la clase de mañana, regresan las palabras sin rumor de caballos, sin vestidos de corte, sin palacios. Junto a Bagdad herido por el fuego, mi alma te ha cortado a tu medida.
Todo cesa de pronto y te imagino en la ciudad, tu coche, tus vaqueros, la ley de tus edades, y tengo miedo de quererte en falso, porque no sé vivir sino en la apuesta, abrasado por llamas que arden sin quemarnos y que son realidad, aunque los ojos miren la distancia en los televisores.
A través de los siglos, saltando por encima de todas las catástrofes, por encima de títulos y fechas, las palabras retornan al mundo de los seres vivos, preguntan por su casa.
Ya sé que no es eterna la poesía, pero sabe cambiar junto a nosotros, aparecer vestida con vaqueros, apoyarse en el hombre que se inventa un amor y que sufre de amor cuando está solo.
Luis García Montero, Habitaciones separadas ( 1993)
Aquí una deliciosa versión del romance de El enamorado y la muerte.
Un sueño soñaba anoche, soñito del alma mía, soñaba con mis amores, que en mis brazos los tenía. Vi entrar señora tan blanca, muy más que la nieve fría. —¿Por dónde has entrado, amor? ¿Cómo has entrado, mi vida? Las puertas están cerradas, ventanas y celosías. —No soy el amor, amante: la Muerte que Dios te envía. —¡Ay, Muerte tan rigurosa, déjame vivir un día! —Un día no puede ser, una hora tienes de vida.
Muy deprisa se calzaba, más deprisa se vestía; ya se va para la calle, en donde su amor vivía. —¡Ábreme la puerta, blanca, ábreme la puerta, niña! —¿Cómo te podré yo abrir si la ocasión no es venida? Mi padre no fue al palacio, mi madre no está dormida. —Si no me abres esta noche, ya no me abrirás, querida; la Muerte me está buscando, junto a ti vida sería. —Vete bajo la ventana donde labraba y cosía, te echaré cordón de seda para que subas arriba, y si el cordón no alcanzare. mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe; la Muerte que allí venía: —Vamos, el enamorado, que la hora ya está cumplida.
El romance de Don Gerineldo
Romance del Conde Olinos
Romance del conde Arnaldos
Si pinchas en el siguiente enlace podrás escuchar el Romance de Rosaflorida. Y aquí tienes una de las variantes, puesta por escrito, del mismo romance.
En Castilla está un castillo, que se llama Rocafrida; al castillo llaman Roca, y a la fonte llaman Frida. El pie tenía de oro y almenas de plata fina; entre almena y almena está una piedra zafira; tanto relumbra de noche como el sol a mediodía. Dentro estaba una doncella que llaman Rosaflorida; siete condes la demandan, tres duques de Lombardía; a todos les desdeñaba, tanta es su lozanía. Enamoróse de Montesinos de oídas, que no de vista. Una noche estando así, gritos da Rosaflorida; oyérala un camarero, que en su cámara dormía. -"¿Qu′es aquesto, mi señora? - ¿Qu′es esto, Rosaflorida? O tenedes mal de amores, o estáis loca sandía." -"Ni yo tengo mal de amores, ni estoy loca sandía, mas llevásesme estas cartas a Francia la bien guarnida; diéseslas a Montesinos, la cosa que yo más quería; dile que me venga a ver para la Pascua Florida; darle he siete castillos los mejores que hay en Castilla; y si de mí más quisiere yo mucho más le daría: darle he yo este mi cuerpo, el más lindo que hay en Castilla, si no es el de mi hermana, que de fuego sea ardida."
El romance del marinero, versión recogida en un pueblo de León e ilustrada con viñetas de un pliego de cordel.
Y una versión, puesta por escrito, del mismo romance recogida en un pueblo de Granada. Voces daba el marinero Voces daba que se ahogaba Y le respondió el demonio Del otro lado del agua. ¿Cuánto daría el marinero a quién le saque del agua? Yo daría mis navíos Cargaditos de oro y plata. Yo no quiero tus navíos Ni tu oro ni tu plata Quiero que cuando te mueras Me dejes parte en el alma Parte en el alma no puedo Porque me la dio Dios prestada Haz el testamento burro Haz el testamento y manda. La cabeza mando a las hormigas Para que hagan su morada. Los ojos a los ciegos Para que vean por donde andan. Los oídos mandó a los sordos Para que oigan lo que le hablan. Las orejas mandó a los burros Para colgar las alrecadas. La lengua mandó a los mudos Para pronunciar palabras. El cuerpo mandó a los peces Y a los pescados del agua. Los brazos a un campanero Para repicar campanas. Las piernas mandó a los cojos Para que anden su jornada. Las tripas a un guitarrero Para cuerdas de guitarra. El alma devuelvo a Dios Que me la dejó prestada. Lope de Vega en el siglo XVII publica este romance:
A mis soledades voy, de mis soledades vengo, porque para andar conmigo me bastan mis pensamientos.
¡No sé qué tiene la aldea donde vivo y donde muero, que con venir de mí mismo no puedo venir más lejos!
Ni estoy bien ni mal conmigo; mas dice mi entendimiento que un hombre que todo es alma está cautivo en su cuerpo.
Entiendo lo que me basta, y solamente no entiendo cómo se sufre a sí mismo un ignorante soberbio.
De cuantas cosas me cansan, fácilmente me defiendo; pero no puedo guardarme de los peligros de un necio.
El dirá que yo lo soy, pero con falso argumento, que humildad y necedad no caben en un sujeto.
El Romance de la luna, luna del Romancero gitano de Federico García Lorca cantado por Carmen Paris..
Aquí el texto original de Lorca.
La luna vino a la fragua La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos. El niño la mira mira. El niño la está mirando.
En el aire conmovido mueve la luna sus brazos y enseña, lúbrica y pura, sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna. Si vinieran los gitanos, harían con tu corazón collares y anillos blancos.
Niño déjame que baile. Cuando vengan los gitanos, te encontrarán sobre el yunque con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna, que ya siento sus caballos. Niño déjame, no pises, mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba tocando el tambor del llano. Dentro de la fragua el niño, tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían, bronce y sueño, los gitanos. Las cabezas levantadas y los ojos entornados.
¡Cómo canta la zumaya, ay como canta en el árbol! Por el cielo va la luna con el niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran, dando gritos, los gitanos. El aire la vela, vela. el aire la está velando.
Otro poeta de la Generación del 27 dedicó un romance al río Duero.
Esta es una versión musical del mismo.
Este es el poema original:
Río Duero, río Duero, nadie a acompañarte baja, nadie se detiene a oír tu eterna estrofa de agua. Indiferente o cobarde la ciudad vuelve la espalda. No quiere ver en tu espejo su muralla desdentada. Tú, viejo Duero, sonríes entre tus barbas de plata, moliendo con tus romances las cosechas mal logradas. Y entre los santos de piedra y los álamos de magia pasas llevando en tus ondas palabras de amor, palabras. Quién pudiera como tú, a la vez quieto y en marcha cantar siempre el mismo verso pero con distinta agua. Río Duero, río Duero, nadie a estar contigo baja, ya nadie quiere atender tu eterna estrofa olvidada sino los enamorados que preguntan por sus almas y siembran en tus espumas palabras de amor, palabras.
Y ahora un romance truculento, el Romance de la infanticida:
ROMANCE DE LA INFANTICIDA
Más arribita de Burgos hay una pequeña aldea donde vive un comerciante, que vende paños y sedas. Tiene una mujer bonita, -valía más que fuera fea- tiene un hijo de cinco años, la cosa más parlotera. Todo lo que pasa en casa, a su padre se lo cuenta; su padre, por más quererlo, en las rodillas le sienta. – Ven aquí tú, hijo querido, ven aquí, mi dulce prenda, quiero que todo me digas; en esta casa, ¿quién entra? – Padre de mi corazón, el alférez de esta aldea que llega todos los días y con mi madre conversa con mi madre come y bebe, con mi madre pone mesa, con mi madre va a la cama, como si usted mismo fuera. A mí me dan un ochavo pa jugar a la rayuela, y yo, como picarzuelo, me escondo tras de la puerta. Mi madre estaba mirando, y me dijo que me fuera: – Deja que venga tu padre, que te va a arrancar la lengua. Mal le ha sentado al señor el que aquello se supiera, después ha salido a un viaje de siete leguas y media. Un día estando jugando con los niños de la escuela, ha ido a buscarle su madre, a peinar su cabellera. Ha cuarteado su cuerpo, le ha tirado en una artesa, y el peinado que le ha hecho, fue cortarle la cabeza. La coloca entre dos platos y el alférez se la entrega: – Señora, se les castiga, pero no de esa manera; haberle dado cuatro azotes y haberle echado a la escuela. Tras de tiempos llegan tiempos y el marido ya regresa. Ella ha salido a buscarle, y le ha encontrado en la puerta. – Entra, maridito, entra, que te tengo una gran cena, los sesitos de un cabrito, las agallas y la lengua. – ¿Qué me importa a mí de eso? ¿Qué me importa de la cena? Te pregunto por mi hijo que no ha salido a la puerta. – Entra, maridito, entra, por tu hijo nada temas, que le dí pan esta tarde y se fue pa ca su abuela; como cosa de chiquillos, está jugando con ella. Se pusieron a cenar, y oye una voz que le suena. – Padre de mi corazón, no coma usted de esa cena, que salió de sus entrañas y no es justo que a ellas vuelva. Se ha levantado el señor, la busca de su hijo empieza, le ha encontrado cuarteado, partidito en una artesa. La ha agarrado de los pelos, barre la casa con ella, y después de golpearla, a la autoridad la entrega. Unos dicen que matarla; otros, lo mismo con ella, otros dicen que arrastrarla, de la cola de una yegua.