Dicen que no hablan las plantas
Un espacio virtual para compartir palabras con los alumnos del IES Ordoño II (León).
domingo, 17 de octubre de 2021
Rosalía de Castro: la loca soñadora.
Cuando pienso que te has ido,
negra sombra que me asombras,
al pie de mi cabecera
vuelves haciéndome mofa.
Cuando creo que estás lejos
en el mismo sol te asomas
y eres la estrella que brilla
y eres el viento que sopla.
Si cantan, tú eres quien canta,
si lloran, tú eres quien llora,
y eres murmullo del río
y eres la noche y la aurora.
En todo estás y eres todo,
por mí y en mí misma moras,
y no me dejarás nunca,
sombra que siempre me asombras.
La Regenta resumen en imagénes.
RESUMEN MUY RESUMIDO DE LA REGENTA
Resumen de la novela a partir de fragmentos de la serie de televisión
Vetusta murmura
La victoria del magistral
Final
¿Oviedo?¿Vetusta? Un paseo por la ciudad de "La Regenta"
Oviedo, el catalejo del magistral |
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Oviedo
lleva dentro la esencia de otra ciudad. Ha crecido sobre ella. Sobre la imaginaria Vetusta
y sobre la realidad del barrio de la Encimada, de la Catedral, del Casino o de la casona
palaciega de los Ozores. Oviedo es a la regentada Vetusta, lo que Vetusta es a la
capitalina Oviedo. Y, ambas, pertenecen al realismo literario y a la imaginación crítica
de Leopoldo Alas, quién andurreó por sus calles a través de la limitada óptica del
catalejo de El Magistral.
Redacción © revistaiberica |
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Lo único cierto, en cualquier caso, es que el espejo de la novela ha
hecho de la capital del Principado un buen reflejo de Vetusta, impregnado,
acaso no perdido aún, de muy concretos materiales urbanos y humanos de un Oviedo
decimonónico que, obligado a evitar problemas con las fuerzas vivas de aquel entonces,
fue maquillado con otras referencias provincianas foráneas. Una ociosa tertulia
demoledora, un entrañable personaje de casino, una fuerza viva ridícula, un rumor
extraviado de siglo, un Magistral, un Mesías, una dama católica de mirada
adulterina no serán, por tanto, huellas reales del Oviedo de hoy...
Mas, ¿quién sabe? A lo mejor, la mirada del inquieto visitante de un
siglo después accederá a imaginar la Vetusta del día de antes a través de la
indiscreta mirada del catalejo de El Magistral y el influjo de la villa clariniana
cobrará materia en la piedra y el hueso, en el animal y el vegetal, hasta ofrecer ese
tercio de la ciudad ovetense empleado por el escritor para crear una ciudad de catedral y
plaza, de barrio alto y bajo, de capilla y arcón santo, de reliquia y siestas de heroica
ciudad.
Pero el único ojo empuñado por Fermín de Pas, el Magistral catedralicio, guía inexcusable para el viajero que llegue a Vetusta, gozó de una perspectiva difícil de conseguir por el recién llegado. Por un lado, disfrutó de la indiscreción, impunidad y acercamiento proporcionado por la óptica de un catalejo, instrumento pirata, corsario y bucanero capaz de decidir huidas o abordajes, arriar velámenes o girar timones y enfilar proas hacia tierras por conquistar. Por otro, dispuso el arma vigilante en lo alto del campanario, rodeado por el altisonante acero de la campana Wamba, con quien compartió vértigo, curiosidad y confidencias de apostado centinela en secreto refugio. Fidelidad de badajo incapaz de susurrar imágenes robadas a golpe de óptica, acostumbrado a cantarlas en malentendidos sones llevados por el mucho polvo que sudan las piedras de la catedral de San Salvador.
Catedral vetustense cuya existencia es imposible negar, pues su altivez
es lo primero que se ve de Oviedo. Desde lo alto de este "poema romántico
de piedra", el Magistral ejerció de fisgón y de tirador franco, pero
dejó al viajero imposibilitado. Este, negado de catalejo y de mirador, está obligado a
pasear por Vetusta a pie de calle y a descubrir perspectivas según la propia
estatura, olvidando los setenta metros de zancos en los que Clarín convirtió
la torre.
Más lejos en el sentimiento quedan las muchas reliquias de la Capilla
de las Santas Reliquias, hoy Cámara Santa o de San Miguel, donde Vetusta
custodiaba, en un Arca Santa, hecha en madera de cedro recubierta en plata en el
año 1075, decorada con relieves evangélicos, "el Leño de la Cruz, un trozo del
vestido de Jesucristo, el pan de la Ultima Cena, el Santo Sudario, tierra santa, ropas de
la Virgen, también restos de su leche, y reliquias de San Pedro, Santo Tomás, San
Bartolomé; huesos de los profetas y de todos los Apóstoles y otros muchísimos santos
cuyos nombres sólo recoge la sabíduría de Dios". Los excesos revolucionarios
del 34 redujeron la nómina de relicarios, aunque Oviedo todavía conserva cosas no
menos fabulosas, como son una sandalia de San Pedro, la cartera de San Andrés,
cinco espinas de la corona y un trozo de la Sábana Santa, auténtica competencia
del Santo Sudario turinés.
Limitada a algo más de quinientas páginas, la vida de la catedral vetustense no pudo competir con la de Oviedo. Esta, con mayor tiempo y espacio para crecer que la creada por Clarín, ofrece otros tesoros. Así, no se puede pasar por alto la Torre Vieja, que data del siglo XI; la cámara del Apostolado, uno de los conjuntos escultóricos más impresionantes del románico español; el claustro, del siglo XIV, con ricos capiteles de fantásticas escenas mitológicas, costumbristas y caricaturescas; y el retablo mayor, obra de los maestros Giralte, Alonso de Berruguete y León Picardo, considerado como el tercero mejor del país, tras los de Toledo y Sevilla, y donde respira un muy particular sentido del humor: San Jerónimo aparece con gafas, hay gente en las ventanas con aire de cachondeo profano, el diablo está representado con dos cómicas caras y se mezclan rostros realistas con caricaturas, y guiños.
Una vez investigado a fondo el inmenso trípode sobre el
que se sostuvo el catalejo de Fermín de Pas, el paseo por Vetusta debe
iniciarse en los lugares donde cayó su punto de mira. Y, aunque los alrededores de la
catedral configuran el barrio viejo de la ciudad, los pies deben conducirse hasta el
verdadero objetivo del confesor de la Ozores, es decir, el palacio de los regentes,
residencia de mujer codiciada y respetada, bella y admirada, virtuosa e insatisfecha,
joven y espiritual.
El narrador invita a dirigirse, sin más, "hacia la Plaza Nueva",
sobrada excusa para recorrer las seis plazas que articulaban Vetusta. A saber, la
de Alfonso II, frente al observatorio del indiscreto confesor; la Corrada del
Obispo, centro neurálgico del actual mester de clerecía; Las Pelayas o de Feijoo;
la de Porlier; la Mayor, donde se levanta el ayuntamiento y la iglesia de San
Isidoro; y la de Fontán. Todas ellas rodean el templo catedralicio y, en la
actualidad, como si Oviedo no pudiera escapar de la realista ficción literaria,
cumplen, cada una, muy específicas funciones: religiosa, eclesiástica, universitaria,
judicial, burocrática y mercantil, respectivamente.
Estrechas y caprichosas callejuelas unen estas plazuelas donde, acaso,
puedan hallarse los viejos rumores vetustenses de hombres paseando del brazo de otros
hombres, mujeres del brazo de otras mujeres, piropos de aquéllos y fingidos escándalos
de éstas, mientras los clérigos se reservan para sí el largo, estrecho y limitado por
un muro de piedra con sendas fuentes a los lados Paseo de El Espolón.
Los curas de El Espolón, las personas decentes de la calle del Comercio, los pobres de la calle del Triunfo de 1836... Unos y otros podrán llevar al visitante de Vetusta hasta el rumoroso Casino, de nuevo en la mismísima plazuela de la catedral. Allí, en el interior del palacio de Valdecarzana, donde un chisme provocó el desmayo de la considerada esposa de Víctor Quintanar, el autor gustaba de leer los periódicos de Madrid y batir a carambolas a los más íntimos. El lugar fue auténtico casino de Oviedo a finales del XIX e inspiración de La Regenta entre porteros, tresillistas, bailes de carnaval y buenas familias encerradas en un cuarto donde alguien dejó guardado su abrigo café con leche.
Contemplada la fachada principal del siglo XVIII, el
atardecer ha reservado para el final del viaje los golosos colores que la declinante luz
extrae de la piedra del barrio de la Encimada, auténtica fundación vetustense de
palacios viejos y arruinados. Hoy y entonces, la de Cimadevilla, muy principal
calle, fue un conjunto de "viviendas viejas y negruzcas, aplastadas" que
los vanidosos vetustenses de toda la vida creyeron palacios y fueron transfiguradas por el
odio de Fermín de Pas en "madrigueras, cuevas, montones de tierra, labor
de topo...". Odio y admiración, pues su presa paseaba por los jardines de uno de
esos palacios.
Y qué mejor que imitar a uno y a otra y dejar que la imaginación
vuele sobre alados pies y aquí y allá se encuentre la pérdida atmósfera del barrio
favorito de El Magistral. Quizás en ese momento, Oviedo se difumine y
aparezca, bajo sus piedras, la auténtica Vetusta. La del rancio olor de rumores y
aburrimientos locales. La de herederos de personajes y personajillos de casino. La de
paseos de curas. La de laberinto de plazuelas y callejas, de sentimientos intuidos y
sentidos adormecidos.
Pero, sobre todo, el viejo casco urbano por el que Ana Ozores
paseó sus dudas y Fermín de Pas el único ojo de su catalejo.
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Emilia Pardo Bazán
Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós: salseo y epistolario
Los pazos de Ulloa
"Fortunata y Jacinta" en imagénes.
El pitusín
Maxi y Fortunata
Final
Literatura realista y naturalista: actividades
Actividad 1. Realismo y Naturalismo.
Actividad 2. Galdós y Los episodios nacionales. Puede que el ordenador te pida ejecutar Flash, hazlo. Recuerda hacer las actividades de Refuerzo y Ampliación.
Actividad 3, Leopoldo Alas, Clarín. Puede que el ordenador te pida ejecutar Flash, hazlo. Recuerda hacer las actividades de Refuerzo y Ampliación.
Actividad 4. Autores y obras del Realismo europeo.
Actividad 5. Juego del ahorcado con autores del Realismo y Naturalismo europeo.
miércoles, 13 de octubre de 2021
Don Álvaro o la fuerza del sino
- La obra está ambientada en el principio del siglo XVIII, en Sevilla
- Don Álvaro, el protagonista de la obra, es un joven noble indiano de origen desconocidos que reside en la ciudad hispalense y decide raptar a la mujer que ama, doña Leonor, hija del marqués de Calatrava.
- La procedencia de Don Álvaro es desconocida, lo que hace que el padre de Leonor se oponga al enlace, pero en el momento en el que están preparando su huida, el marqués, don Gonzalo, irrumpe en la habitación repentinamente e intenta detener la fuga.
- El protagonista tira su pistola en señal de sumisión, pero al caer el arma al suelo, esta se dispara accidentalmente, hiriendo de muerte a don Gonzalo.
- En la confusión, la joven pareja se separa pensando que el otro ha muerto a manos de criados.
- Después de un tiempo, doña Leonor busca refugio en una ermita, alejada del resto de seres humanos, con intención de hacerse perdonar sus pecados gracias a una vida de contemplación y oración.
- Álvaro se alista al ejército bajo un nombre falso y buscando la muerte. Se fue a luchar a Italia y allí por su temeridad en el combate se convierte en un héroe en poco tiempo.
- Justo allí se hace amigo de don Carlos, que es el hijo mayor del marqués y hermano de Leonor, pero ninguno conoce la identidad del otro por lo que al principio no tienen razón para odiarse.
- Un día, Carlos descubre casualmente quién es su amigo, y lo reta a un duelo a muerte para vengar la muerte de su padre y el deshonor de su hermana, en el que el hijo del marqués muere a manos de don Gonzalo.
- Traumatizado por esta nueva muerte, don Álvaro vuelve a España y se aloja en un monasterio, cerca de la ermita en la que Leonor se encontraba aunque ninguno de los dos conoce la cercanía del otro.
- Pasa un tiempo allí pero es encontrado por el tercer hijo del marqués, don Alfonso, el cual lo reta a un duelo para vengar la muerte de su padre y hermano. En este duelo sale vencedor don Álvaro, pero don Alfonso no muere directamente, sino que queda herido de muerte.
- Al oír los gritos que piden socorro, acude en en ayuda del moribundo doña Leonor, que había reconocido la voz de dolor de su hermano.
- Pero al llegar allí, la dama es apuñalada por su hermano justo antes de que este muera, pues al reconocerla piensa que Leonor y don Álvaro habían estado todo ese tiempo juntos escondidos.
- Después de tantas muertes, don Álvaro pierde la razón y, completamente desesperado, se suicida tirándose por un precipicio.
¿No es cierto, ángel de amor? Don Juan Tenorio
- Una noche de Carnaval de 1544, en Sevilla Don Juan Tenorio y Don Luis Mejía, discuten por saber quién de los dos es el más malvado, para acabar con la discusión ambos deciden hacer una apuesta. La apuesta consiste en volver a reunirse dentro de un año y así conocer cuál de los dos se había sido más malvado, quién se había batido en más duelos o quién había seducido y abandonado a más doncellas.
- Sevilla , un año después: final de la apuesta que ambos jóvenes habían comenzado un año antes. Don Juan Tenorio y Don Luis Mejía se vuelven a encontrar para comprobar los respectivas hazañas. La apuesta pactada un año antes, había causado un gran escándalo en la ciudad.
- De la apuesta es Don Juan el que sale claro vencedor, pues es el que ha matado en duelo a más hombres y conquistado a más doncellas. Esta victoria no es aceptada por Don Luis Mejía, quien le propone un nuevo reto, para aceptar su victoria. El reto consistía en incluir a sus conquistas a una monja.
- Don Juan, un hombre arrogante y temerario, sube la apuesta y no sólo incluirá una monja a sus conquistas, además promete seducir también a la propia prometida de Luis Mejía.
- Esta conversación es escuchada por Don Diego, comendador de la ciudad ( una especie de alcalde) y Don Gonzalo; el primero es el padre de Juan Tenorio y el segundo es el de Doña Inés. Ambos pretendían casar a sus respectivos hijos, aunque ellos no sabían aún nada al respecto, pero al oír las atrocidades de las que se enorgullecía don Juan, deciden romper el compromiso de casamiento de sus hijos.
- Don Juan no pierde el tiempo y esa misma noche quiere vencer la apuesta disponiéndose mientras que Luis Mejía intentará por todos los medios evitar que éste la cumpla. Ante el revuelo se presentan los alguaciles y arrestan a los dos nobles.
- El primero en salir es Don Luis, quien rápidamente llega a casa de Doña Ana, su prometida, para rogarle que se mantenga fuerte y firme ante Don Juan, quien intentará seducirla. Poco después llega don Juan y efectivamente la seduce y abandona.
- Don Juan se encamina hacia el convento con el fin de seducir a Inés, novicia del convento. Éste pide ayuda de Brígida, una beata alcahueta, quien le explica cómo poder entrar en el convento sin ser visto. Don Juan le entrega una carta a Brígida para que se la haga llegar a Doña Inés. En la carta le declara su amor fingido pues aún no la conoce y quiere simplemente seducirla y engañarla.
Cuando Doña Inés se encuentra leyendo la carta escrita por Don Juan siente que la puerta de su celda se abre y es Don Juan el que entra en la estancia lo que provoca el desmayo de la novicia. Momento que aprovecha éste para cogerla en brazos y llevarla a su casa.
Mientras tanto, don Gonzalo, padre de Doña Inés, dado que conoce la apuesta y sabe que la alcahueta Brígida no es de mucho fiar, trata de poner en aviso a la abadesa del convento para que esté vigilante pero en ese momento entra otra monja avisando de la desaparición de doña Inés.
Paralelamente, en la casa de don Juan, los dos protagonistas se han enamorado verdaderamente el uno del otro. En un momento dado llega, por un lado, Don Luis que quiere matar a Don Juan por haber seducido a su prometida y, por otro, el padre de doña Inés que también quiere matarlo por haberse llevado a su hija. Se produce una altercado y don Juan mata a ambos.
Como consecuencia del doble asesinato Don Juan huye a Italia para tratar de escapar de la justicia.
Pasan cinco años durante los cuales han muerto Don Diego, el padre de don Juan, y la propia Doña Inés. Don Juan vuelve a España y comprueba que su padre había construido un cementerio en honor a todas las víctimas de su hijo.
En dicho cementerio, la estatua de la tumba de doña Inés cobra vida y le pide a Don Juan que se arrepienta para poder estar juntos en el cielo. El protagonista piensa que es una alucinación, se lo toma a broma y a modo de burla invita a cenar esa misma noche a la estatua de la tumba del padre de doña Inés.
Don Juan se va esa noche a cenar con dos amigos sin darle importancia a lo que había pasado en el cementerio pues piensa que son alucinaciones suyas. Durante la cena, se presenta el fantasma de Don Gonzalo, el padre de Inés, recordándole la cita y advirtiéndole de que esa noche Don Juan morirá.
Don Juan piensa que se trata de una broma de sus amigos, se pelean y muere en el duelo. Inmediatamente se convierte en un fantasma que se encuentra con el espectro de doña Inés. Esta le convence de que si se arrepiente de sus pecados, dios le concederá la vida eterna. Don Juan así lo hace y ambas almas parten felices hacia el cielo.